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viernes, 9 de enero de 2015

La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.
Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.
Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.
Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra. Tenemos la mala costumbre de comer animales, de contaminar el mundo y de lavar la ropa en vez de nuestras conciencias. Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Objetos de usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo su destino. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada
Wasapeamos mucho,
dormimos demasiado
y follamos poco.
Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! No pongas barreras a tu corazón y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente. Ni con disolvente se va.
Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.
En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.
Quiere ahora, no mañana.



sábado, 27 de septiembre de 2014

Que si tu caes, yo te levanto.

Defectos tengo demasiados, es verdad. Pero ¿sabes qué? Esos defectos son los que me hacen ser la persona que soy hoy. Puedo ser a veces la chica más pesada, cabezota y celosa del mundo entero. Soy demasiado cariñosa, estoy todo el día abrazando a mis amigos. No lo puedo evitar, me gusta sentir a las personas que me importan cerca de mi. Quizás sea porque sé que en cualquier momento se puede ir de mi vida. He recibido muchos palos, pero siempre he conseguido levantarme de una caída. Esta soy yo, lo aceptas o lo dejas. Como puedes ver tengo un montón de defectos, pero te puedo asegurar que voy a estar ahí cada vez que lo necesites Que si tu caes, yo te levanto. Intentaré hacerte reír día y noche, superar tus problemas. Sólo hay una condición, si entras en mi mundo, está prohibido salir de él.

domingo, 16 de septiembre de 2012

callar por miedo a perder

Dicen que las cosas que callas tienden a ser las más impñortatnes. Pero aún quien va comentando eso por aí. calla cosas. Lo sé, Porque ¿ quién no ha callado un "Te quiero" por miedo a escuchar un "Yo no"? o peor, ¿ Por miedo al silencio de esa persona? Amí me gustan más las personas que no dicen nada, que no necesitan pornunciar una palabra, esas personas que son más de hechos, porque quienes prometen suelen cruzar los dedos como los críos, prefiero a esas personas que no hacen promesas. Que te hacen entender las cosas mediante acciones, porque no sirve de nada hablar por hablar. Por eso prefiero a los que callan que a los que prometen mansiones. Y te hacen creer princesa de una mala pesadilla.

lunes, 25 de junio de 2012

Recuerdo cuando era pequeña, cuando con una simple muñeca de trapo era feliz, cuando no existían complicaciones, el amor no existía y las amigas eran de verdad. La ilusión de levantarme la mañana de Reyes e ir corriendo a abrir mis regalos, de jugar con todos sin importar el sexo, el color o el físico. Cuando vivía en un mondo de color rosa y creía en príncipes azules, en La Cenicienta o La Bella Durmiente... Pero hace mucho tiempo que eso quedó atrás, crecí. Mi vida se llenó de responsabilidades, de complicaciones, de dolor. La inocencia se fue, dejándome sola ante n mundo que no entiendo.. Crecí, ahora me enamoro y sufro por hacerlo. ahora hay gente que no me habla porque no soy como ellos. Ahora veo como insultana personas inocentes por ser diferentes. Ahora veo como cuesta encontrar un amigo que no te critique por detrás, que de verdad esté para todo, veo como todos quieren un amigo pero pocos se esfuerzan en ser uno. Me gustaría poder retroceder y recordar aunque sean sólo unos minutos, que se siente al tener como única preocupación el vestido que le iba a poner hoy a mi muñeca.

domingo, 3 de junio de 2012

a veces no, a besos.

¿Que es lo que quiero? Yo quiero a un chico que me quiera tal y como soy y que no me engañe con sus promesas. Quiero a ese chico que solo al verlo me haga la más feliz. Quiero a un chico que me haga perder la noción del tiempo y no las bragas. Que me arruine el mintalabios y no el rimel. Quiero que e de cariño, que no pase de mi, que esté a mi lado todo lo que pueda. Quiero a un chico que no sea como los demás. No quiero al típico chulo de playa, que muchos músculos pero no tiene corazón alguno. Yo quiero un chico que se fije en el interior, en el corazón y no en un buen par de tetas. que el físico cambia, la personalidad permanece. Que yo lo que quiero es ua persona que me haga especial y que no me haga daño, que me haga olvidar el pasado y que me haga sentir lo que ninguno hasta ahora a hecho.

no reasons.

Cuando creía que había recuperado esa esperada felicidad, una vez más mi vida se derrumbó en cuestión de segundos. Una vez más volví a caer en el extraño juego del amor, de creer en las típicas promesas y en eloquecer por esa persona. La vida cambia en cuestión de segundos sin poder hacer nada para remediarlo. Cuando por fin me ilusionaba por alguien, sengir esas típicas mariposas en el estómago, todo desapareció de un día para otro, sin saber la razón, ni el motivo, ni un porqué de todo esto. Error tras otro, desilusión tras desilusión tras desilusión, siempre es así.

viernes, 18 de mayo de 2012

Más de lo que merecías

Me creí que era un hasta luego, lo que al final resultó ser un hasta nunca. Me ilusioné por cada una de tus palabras. Me creí que me querías tal como decías, que por mi lo dabas todo y que siempre sería tu princesa, pero nada fue así. Quizás mi destino te quitó de mi vida para dejar sitio a personas mejores o tal vez tu destino me quitó de la tuya porque era más de lo que realmente merecías.