domingo, 1 de mayo de 2011
La vida.
Todos los días tienen veinticuatro horas, y todas las horas la misma duración. Esto es lo que nos ha enseñado y lo que se puede comprobar con un reloj de mano. Pero si esto fuera la única verdad, creo que nos moriríamos de asco. Por fortuna existen las emociones, la ilusión y la felicidad que cambian las cosas: son capaces de reducir a un minuto, horas y horas de aburrimiento y, al contrario, intensifican los buenos momentos de tal manera que parecen eternos: Sólo después , cuando todo ha terminado, nos damos cuenta de la duración real de las cosas y comprobamos que nos hemos engañado, que el tiempo y las emociones han jugado con nosotros. Si. Pero ... que hay de la fuerza y la viveza que estas emociones tienen en nuestra memoria? Con la vida y con el tiempo pasaba como un acordeón, que se estira y se encoge. Hay momentos intensos que se alargan y duran en el pensamiento, otros que acortan y se olvidan enseguida como si nunca hubieran existido.
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